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Dios entiende..




Filtraciones aparte, les debe haber dado algo de la vergüenza que no tienen, pues, tras publicar ayer martes la ya tristemente famosa Instrucción sobre los criterios de discernimiento vocacional en relación con las personas de tendencias homosexuales antes de su admisión al seminario y a las Ordenes Sagradas...

Tomado del Blog de Jose Mantero de Periodista Digital..

Filtraciones aparte, les debe haber dado algo de la vergüenza que no tienen, pues, tras publicar ayer martes la ya tristemente famosa Instrucción sobre los criterios de discernimiento vocacional en relación con las personas de tendencias homosexuales antes de su admisión al seminario y a las Ordenes Sagradas –ahí es nada, para que ventosees ruidosamente en el baile, morena-, la meten en el armario cibernético, ya que, recensiones aparte, hay que llevar a cabo espeleologías y encomendarse a San Cucufate bendito para hallar el documento en su literalidad.

No vale la pena comentar esta desafortunada Instrucción; si acaso, citarla como ejemplo de lo que jamás debió ser. ¿Será capaz la jerarquía católica, tras este despropósito, de dar marcha atrás, un siglo de estos, en su coitus interruptus con la humanidad vejada por estos pastorcillos garbanceros? Lo será, pero, como casi siempre, tarde, demasiado tarde. No importa tanto. Lo fundamental es que Dios está con los perseguidos, calumniados, injuriados, no con el emperador bávaro y sus secuaces. Ahí van perlas del libelo vaticano:

• “Recibe válidamente la sagrada Ordenación exclusivamente el bautizado de sexo masculino”. ¿Esto qué es lo que es? ¿Acaso las personas homosexuales, hombres y mujeres, integran un sexo aparte, un tercer sexo? Pareciera que lo ha escrito el Demetrio de Tarazona.

• “El candidato al ministerio ordenado debe, por tanto, alcanzar la madurez afectiva”. Según la Instrucción, esta plenitud en los afectos sólo es posible en las personas heterosexuales. Pues conozco yo a cada uno que se las trae en bandeja, eso sí, más heterosexual que López Rodó, o al menos.

• “Respecto a los actos [homosexuales], enseña que en la Sagrada Escritura son presentados como pecados graves”. A qué especialistas en Sagrada Escritura habrán acudido, pues los más solventes señalan que en tiempos bíblicos se desconocía la homosexualidad como tal, y únicamente se referían a heterosexuales (heterosexualidad tampoco definida en la Biblia) que obran actos homosexuales. Menudo lío se hacen.

• “La Iglesia, respetando profundamente a las personas en cuestión [diccionario vaticano: persona-en-cuestión = gay}], no puede admitir al Seminario y a las Órdenes Sagradas a quienes practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o sostienen la llamada cultura gay”. Apología del perro del hortelano. O sea. Y reconocimiento expreso de la existencia de una cultura homosexual.

• “Si se tratase, en cambio, de tendencias homosexuales que fuesen sólo la expresión de un problema transitorio, como, por ejemplo, el de una adolescencia todavía no terminada, éstas deberán ser claramente superadas al menos tres años antes de la Ordenación diaconal”. Dios de mi vida. ¿Habrán acudido al insigne Aquilino Polaino?

La semana pasada me preguntaba mi amigo Alfonso: “Tío, ¿cómo van a descubrir si el seminarista es gay? ¿Quién se lo va a tirar para saberlo?”. Más razón que un santo, porque hombre, a ver… ya saben. La cosa está entre rector, director espiritual u obispo.
Lo importante, en fin, no es lo que piensen estos obispos y Papa, más pendientes de su financiación y poderes que de Jesucristo y la Iglesia. Lo esencial es lo que piensa Dios. Y Él nos ha creado gays, y nos quiere cada vez más gays, para cumplir su santa voluntad.

Las personas homosexuales no somos seres defectuosos, enfermos o aberrantes, sino directamente, como todos, criaturas salidas de la mano amorosa del Creador. La condición gay es, sencillamente, una más en el abanico del amor y las sexualidades. Ser homosexual es un don de Dios. La manera que tenemos los homosexuales, hombres y mujeres, de cumplir Su voluntad no es atormentarnos, maltratarnos por nuestra orientación sexual y afectiva, sino darle cumplimiento, viviendo en el amor, realizando la potencialidad amorosa con la que el Señor nos ha dotado. Lo demás, patología homófoba, músicas interesadas y pecadoras estupideces de más de cuatro hipócritas que han olvidado que Dios es homosexual, como es heterosexual. Es la buena noticia, al desternillarnos ante esta Instrucción: Dios entiende.

 

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